miércoles, 7 de noviembre de 2012


 KOMMEN DIE ROTTWEILERS AUS ROTTWEIL?

Introducción:

Alemania ha dado a la humanidad motivos más que suficientes para que los analistas de la Historia puedan escribir durante años sobre las circunstancias que han creído conveniente resaltar en pro y en contra de tan digna sociedad. Por desgracia, hay un capítulo especialmente triste que debemos superar todos, y que si bien Alemania hace un esfuerzo grande y continuo por afrontar su responsabilidad histórica, tanto a nivel humano, como material, e incluso económico, en mi opinión, nos corresponde a los demás, no olvidar lo que pasó, sino todo lo contrario, aprender la lección del pasado, y mirar hacia adelante, avanzar en nuestra historia y no castigar a una sociedad nueva por los hechos del pasado, pues todos los países, en mayor o menor medida, han realizado actos criminales, y España, por ejemplo, en las Américas no lo hizo mejor. Por estos motivos, quiero centrarme en un aspecto positivo, y en un gran aporte que Alemania nos ha realizado: el Rottweiler, uno de los perros de raza más antigua, cuyo origen se sitúa en el corazón romano de Baden-Württemberg.


Orígenes:

El antecedente de nuestro actual perro es el “miacis”, que evolucionó en el “cynodictis” y posteriormente en el “tomarctus”, adoptando éste una forma cánida bien definida. Al parecer fue durante el Mioceno que el tomarctus evolucionó en 4 prototipos de familias caninas: canis falconeri, canis arnensis, canis lupus, y canis familaris, siendo este último el supuesto antecedente de nuestros perros. Hay otras teorías que apuntan que el perro desciende del lobo, pero si la ciencia no ha definido claramente los orígenes del perro como tal, no seré yo quien afirme uno u otro origen.

Los molosos son perros de gran tamaño, descendientes del mastín tibetano, que vivió en Oriente. Se cree que del Tibet, el mastín bajó hacia la India y de allí pasó a Mesopotamia, para ser introducido en Grecia, y en especial a Molosia, en la región de Epiro. Según el “Diccionario Akal de Historia del Mundo Antiguo”, de Graham Speake:


Epiro era un territorio situado al noroeste de Grecia. Epiro comprendía buena parte de la moderna Albania y el área de Grecia occidental situada al norte del Golfo de Ambracia. Estaba separada del resto de Grecia por el Monte Pindo. Epiro estaba habitado por tribus, de las que la más destacada era la de los molosos, que fundaron un Estado moloso en tiempos del rey Neoptólemo (370-368 a. C). Alejandro I de Epiro, cuñado de Filipo II de Macedonia, unificó Epiro bajo la realeza molosia. El rey Pirro (319-272 a. C), que reinó tras la supresión de serios problemas dinásticos construyó una capital en Ambracia y agrandó y embelleció el antiguo santuario del Oráculo de Zeus en Dódona. La realeza molosia cayó en el año 232 y se creó una Confederación Epirota. Epiro se vio implicado en las Guerras Macedónicas entre Macedonia y Roma. El Estado moloso fue el único que apoyó a Perseo, por lo que los romanos lo saquearon salvajemente en el año 167. Octavio fundó allí la colonia romana de Nicópolis para celebrar su victoria de Accio en Epiro, en el año 31 a. C.

Según la mitología griega, en la Guerra de Troya se enfrentaron los aqueos contra los troyanos debido al rapto de Helena de Esparta por un príncipe de Troya. En dicho enfrentamiento Aquiles, hijo de la diosa Tetis y el mortal Peleo,  murió, pasando el botín de guerra a su hijo Neoptólemo, apodado Pirro y entre los bienes se incluía a Andrómaca, esposa de Héctor. De Neoptólemo y su concubina esclava Andrómaca, nació entre otros hijos, Moloso, que dio nombre a la tribu asentada al norte de la región de Epiro y al comienzo del reinado de Molosia.
Mastín Tibetano
Mastín Tibetano.
Fuente: http://pueblotibetano.files.wordpress.com/

Mastín Tibetano















 Existe un bajorrelieve asirio del año 4000 a. C. donde se contiene una imagen de un soldado o un esclavo con un moloso sumerio atado:
 Museo Británico 

En Mesopotamia el perro se asociaba a Gula, diosa de la Medicina. Se atribuye al rey Adad-Apla-Iddina la construcción del primer templo en honor a la diosa Gula.


The California Museum of Ancient Art, 1800-1600 a.C, Mesopotamia



The Metropolitan Museum of Art New York, 2000-1700 a.C, sur de Mesopotamia



The Metropolitan Museum of Art New York, mitad del segundo milenio a.C, Mesopotamia

The Metropolitan Museum of Art New York, 1961-1917 a.C, Egipto

The California Museum of Ancient Art, 1800-1600 a.C, Mesopotamia
The California Museum of Ancient Art, 1800-1600 a.C, Mesopotamia


 
The California Museum of Ancient Art, 1800-1600 a.C, Mesopotamia, Terracota pintada
Figurilla votiva de un perro en esteatita, ofrecido por un médico de Lagash a la diosa Nisina, en beneficio de Sumu-ilum, rey de Larsa (ca. 1894-1865 a.C). Procede de Ngirsu.

Los molosos llegaron a Egipto a través de los hicsos (1780-1550 a. C aprox.), que procedían de Asia Central, y así, una vez asentados allí, el faraón Tutankamon (1372-1354 a. C aprox.) se hizo retratar en una escena de guerra contra los nubios, con molosos, para colocarlo en su capilla dorada, hoy depositada en el Museo egipcio de El Cairo.
 
Los perros en el antiguo Egipto eran respetados socialmente, llegando a establecerse la pena de muerte, o castigo corporal a quienes hicieran daño a los perros. A la muerte de los canes a menudo eran momificados y enterrados junto a su amo, celebrándose una ceremonia similar a la recibida por su dueño, según el status  social y económico de aquél. El adiestramiento estaba a cargo de personal especializado y ya se acostumbraba a proteger a los perros de combate con un collar de púas cónicas (carlancas), quedando reservado el collar de estrangulamiento para la vida cotidiana en que no se comprometía la seguridad de éstos.
En Grecia, Aristóteles distingue siete razas de perros; se identifica al moloso con el Mastín mesopotámico y se dice que su entrada en Grecia se produce durante la Segunda Guerra Médica (480 a. C) con los ejércitos de Jerjes. Asimismo se dice que fue Alejandro Magno (356-323 a. C) quien llevó al mastín tibetano de la India a Grecia, siendo Periles el nombre de su moloso, fallecido durante una campaña militar y recibiendo los honores correspondientes al más valeroso de los soldados.

 
Cachorro de moloso de mármol encontrado en el Pireo. Siglo IV a. C. Museo de Atenas. Foto de Heather Crowe. Fuente: http://okathens.8m.com/en/EL-SHEEPDOG.htm
Existe otra teoría acerca de la difusión de los molosos hacia Britania y desde allí se extendió hacia el centro y sur de Europa y una teoría mixta que combina la difusión desde Roma hacia la actual Alemania y simultáneamente desde el Reino Unido hacia Europa Central.




Acteón devorado por los perros. Museo Arqueológico de Palermo.
Fuente: http://instatterminus.blogspot.com.es/2011/09/artemis-y-acteon-ii.html
Durante el reinado de Assurbanipal en Asiria, (668-627 a. C), éste se hace acompañar de perros, como muestran las placas halladas en la ciudad de Nínive:




De Grecia pasan a Roma, según algunas teorías por los fenicios o colonos griegos. En Roma el uso de los perros guardianes ya estaba generalizado, y prueba de ello son los numerosos mosaicos en que se representa a un perro “fiero” con la inscripción “cave canem” que significa “cuidado con el perro”. La imagen que se muestra a continuación es un mosaico situado a la entrada de una casa en Pompeya:



Nótese en la imagen que la cadena está tensa, circunstancia que fue utilizada a fin de aumentar la “fiereza” del perro. En Roma  se dio a los perros casi los mismos usos que hacemos de ellos en la actualidad: guarda, defensa, pastoreo y también en el circo, formando parte de espectáculos para divertimento de la población donde se les enfrentaba a otros animales en un combate mortal (canis pugnacis). Resulta especialmente interesante el hecho de que en Roma no se destacaba tanto la existencia de razas de perros, sino clases de perros en función del destino que se daba a aquél, siendo éste el elemento caracterizante de cada cánido; por el contrario, en Grecia, sí se hacía distinción expresa de razas, como describió Aristóteles.
En Roma (1000 a.C.- 500 d.C, aprox.), el avance de las legiones romanas hacia el norte de Europa, favorece la aparición de nuevas razas, como consecuencia del cruce genético entre los molosos romanos y los canes locales, y así van surgiendo razas tales como el mastín napolitano, el Boyero de Berna en Suiza, el Bulldog en Inglaterra, el Dogo de Burdeos en Francia, y también el Rottweiler.


Rottweil, el nacimiento de una ciudad:

La ciudad de Rottweil se sitúa en el estado federado de Baden-Württenberg, en el suroeste del país, próximo a la Selva Negra y a la orilla del río Neckar, nombre celta que significa “aguas bravas” o “aguas salvajes”.



http://www.sermadres.es/2012/10/alemania-en-pie-de-guerra-con-el-nuevo-subsidio/


La ciudad de Rottweil se considera la ciudad más antigua del suroeste de Alemania, fundada en el año 73 a. C por los romanos, bajo el principado de Vespasiano, con el nombre de Arae Flaviae, llegando a adquirir el estatuto de “municipio” según se cree en el año 186 d. C, lo que la dotaba de una organización privilegiada, frente a otros territorios sometidos a la auctoritas de Roma, pues los municipios estaban dotados de organización propia e incluso se les llegaba a permitir mantener sus usos y costumbres jurídicos y sociales.












Baños de las legiones romanas en Rottweil.

Con la llegada de los ejércitos romanos a Rottweil, llegaron también unos perros, utilizados como pastores, pues al tener que recorrer dichos ejércitos distancias muy amplias, era preciso llevar animales vivos para alimentar a las  tropas, y se hacía necesario que fueran dirigidos con la ayuda de los perros. Se tiene constancia de que existía una raza especialmente llamada a cumplir con este objetivo, los molosos, denominados en aquel momento canis pugnacis (perros de pelea). El escritor latino  Lucio Junio Moderato Columela, nacido en Gades (Cádiz) en el mismo año que Jesucristo, en su obra De re rustica (año 40 d. C) , hace un estudio de dos tipos de perros existentes en Roma: los de guarda y los de ganado (Libro séptimo, capítulo doce). Respecto de los primeros escribió lo siguiente (traducción de Álvarez de Sotomayor):
Ahora voy a hablar, como he ofrecido en el libro anterior, de los guardas mudos del ganado, aunque al perro se le diga falsamente guarda mudo. ¿Pues qué hombre anuncia la presencia de una fiera o un ladrón con más distinción o con un grito tan alto, como lo hace este animal con su ladrido? ¿qué criado hay más amante de su amo? ¿qué compañero más fiel? ¿qué guarda más incorruptible? ¿qué centinela se puede encontrar más vigilante? Y finalmente, ¿qué vengador o defensor con más constancia? Por lo cual un labrador debe comprar y mantener este animal con preferencia a otro cualquiera, porque custodia la casería, los frutos, la familia y los ganados. Tres motivos hay para adquirirlo y mantenerlo. Pues una especie hay que se escoge para servirse de él contra las asechanzas de los hombres, y éste guarda la casería y lo dependiente de ella: otra hay de los que se emplean en rechazar los ataques de los hombres y de las fieras, y estos guardan en la casa los establos, y fuera los ganados mientras están paciendo: la tercera especie es la de los que se adquieren para cazar, y estos no solo no son útiles al labrador, sino lo distraen de su trabajo y lo hacen desidioso en él. Con que se ha de hablar del de la casería y del del ganado: pues el de caza en nada pertenece a nuestra profesión. El perro para guardar la casería se ha de escoger de un cuerpo muy grande, de ladrido espacioso y sonoro, para que amedrente al malhechor, primero cuando lo oiga, y después también cuando lo vea, y para que ahuyente alguna vez, aun sin ser visto, con el horror de sus aullidos, al que trata de poner asechanzas. Pero ha de ser de un color solo, y este se ha de elegir más bien blanco en el de pastor, y en el de la casería negro: el manchado no se aprueba ni en un caso ni en otro. El pastor prefiere el blanco, porque es desemejante a la fiera, y algunas veces es preciso cuando se trata de rechazar los lobos en la obscuridad de la madrugada o de la prima noche, que sea muy diferente de ellos, no sea que si el color blanco no se lo da a conocer, hiera al perro en vez de herir al lobo. El de la casería que se opone a los ataques de los hombres, si el ladrón viene de día claro, siendo negro, es más terrible a la vista: y si viene de noche, por la semejanza que tiene este color con la obscuridad, ni aun siquiera se ve, por lo cual cubierto como está con las tinieblas puede llegar con más seguridad al que está poniendo asechanzas. Se aprueba más bien un perro cuadrado que uno corto o largo, y que tenga la cabeza tan grande que parezca la parte mayor de su cuerpo, las orejas caídas y colgando, los ojos negros o zarcos que centelleen con una luz viva, el pecho ancho y bien poblado de pelo, las espaldas espaciosas, las piernas gruesas y peludas, la cola corta, los dedos y uñas de los pies muy grandes, en griego se llaman draxai. Esta es la figura más recomendable en el perro de la casería. Pero su natural no debe ser ni muy sosegado ni por el contrario feroz y cruel: porque en el primer caso alaga aun al ladrón, y en el segundo enviste hasta a las gentes de la casa. Basta que sean severos y no cariñosos, de suerte que alguna vez miren con ceño a sus consiervos, y siempre se irriten con los de afuera. Y sobre todo deben mostrarse vigilantes en la custodia de lo que está a su cargo, y no vagabundos sino estar de continuo en la casería, y más bien circunspectos que temerarios pues aquellos no anuncian sino lo que han averiguado ser cierto: estos se alborotan con un ruido vano y una sospecha mal fundada…
Columela sigue explicando cuál es la alimentación correcta, la conveniencia de esperar a la madurez sexual antes de  la reproducción, la necesidad de mantener a los cachorros con la madre durante los primeros meses posteriores al nacimiento, el amamantamiento materno, atarlos de día y soltarlos de noche, los nombre de los cachorros y cómo  se ha de realizar la caudectomía (cortar la cola), en la falsa creencia de que, de no realizarlo, puede el perro padecer la enfermedad de la rabia. Resulta asombroso que hace 2000 años la crianza y educación de los perros fuera tan similar a lo que hacemos hoy en día y todavía nos permitimos, en muchos casos hacerlo mal, como si nada hubiéramos aprendido en todo este tiempo.
Éstos fueron los perros elegidos para acompañar a las legiones romanas, pues eran vigilantes natos de las reses y capaces de defender su integridad contra cualquier animal que saliera al paso, en el desplazamiento, en este caso,  desde Roma hasta Alemania. Una vez fundada la colonia, bajo el reinado de Domiciano (81-96 d. C), fue cuando se le dio el nombre Arae Flaviae. Más tarde la ciudad fue destruída hacia el 233 d. C, con la invasión de las hordas germanas y los romanos abandonaron la ciudad entre los años 256-260 d. C. siendo ocupada la ciudad por habitantes alemanes en lugar de los romanos (Fuente: http://www.waymarking.com/waymarks/WM13YP_Dominikanermuseum_Rottweil). A partir de este momento se le cambió el nombre a la ciudad, que pasó a llamarse Rott Will, debido a que en las construcciones romanas destacaban las tejas rojas, y después pasó a llamarse Rottweil.




Mastín romano.



El mosaico, encontrado entre los restos arqueológicos de Rottweil,  representa a Orfeo, que con su música atrae a los animales. Realizado bajo el reinado de Marco Aurelio ( 161-180 d. C). Museo Arqueológico de Baden-Württemberg.
Orfeo, según la mitología griega, era un gran músico y tocaba tan bellas melodías con su lira, que los hombres le buscaban para sentir la paz en sus almas a través de su música e incluso se llega a decir que fue capaz de dormir con ella al fiero Cancerbero, el perro que guardaba las puertas del infierno. ¿Acaso esta representación de Orfeo tenía algo que ver con el "don" de los romanos de Baden-Württemberg para adiestrar a sus perros? 

Rottweil, el nacimiento de una raza:



Escultura de Rottweiler en Rottweil. Fuente: http://www.panoramio.com/photo/12274193?tag=Rottweil





Tras la llegada de los molosos romanos, y su cruce con los perros locales, va evolucionando la raza de manera espontánea y natural, y adquiriendo la raza una identidad propia y unos valores especiales que les convirtieron en la Edad Media en los metzgerhunde o perros de los carniceros, y más concretamente en el perro de los carniceros de Rottweil o “Rottweil metzgerhund”. Asimismo también se utilizó como perro de tiro de pequeñas carretas. El largo desplazamiento del ganado entre las poblaciones con mercado, se convirtió en una operación de riesgo, por lo que estos perros fueron los elegidos para proteger a las reses y a sus dueños en dichos desplazamientos, de suerte que el dinero se guardaba en una bolsa que se ataba al cuello del perro. Normalmente el comportamiento de estos perros era correcto, pero los ejemplares que mostraban una actitud beligerante eran obligados a llevar bozal. Con la prohibición del pastoreo vacuno,  la industrialización y el uso del ferrocarril para el desplazamiento del ganado, la raza entró en declive, estando a punto de desaparecer totalmente, llegándose a afirmar que en 1905 solo quedaba un único ejemplar, razón por la cual se incentivó la cría de estos perros, otorgando subvenciones a quienes tuvieran camadas de Rottweilers. Poco después comenzó la reproducción controlada de la raza a través de los distintos clubes que se constituyeron a partir de 1907, y con ello, la configuaració de la raza tal como hoy la conocemos. A continuación se muestran algunas fotografías que reflejan el uso que se daba a estos perros  entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. A partir de 1905, dejaron de usarse estos perros como animales de tiro, pasando a desempeñar funciones de policía y otros usos hasta nuestros días, si bien, estos aspectos exceden del objetivo del presente artículo.








Agradecimientos:
Por último, no puedo terminar este artículo sin dar una muestra de agradecimiento especial a Jordi Cairo, y equipo, de la Clínica Canis Girona, por la atención que siempre ha mostrado por mis perros, y en especial por el cuidado y dedicación que dio a Lola durante su terrible neumonía, de la que salió reforzada en salud, en carácter y en bondad. A Pere Pujals Prat de Can Riera, porque nos ha proporcionado un precioso ejemplar, Llarc de Can Riera, que es la alegría de la casa. Y, por supuesto, a mi marido, que me ha regalado a mis tres Rotties, tres de mis cuatro amores caninos, a quienes dedico estas palabras.